Siempre hemos escuchado que la Internet y especialmente, las redes sociales facilitan la conexión entre las personas. Hoy en día, podemos enterarnos en fracciones de segundos, todo lo que sucede a nivel global, conectar con amigos ubicados en distintas partes del mundo, sin embargo y paradójicamente, cada día aumenta más la soledad.
En una investigación efectuada por el psicólogo Jean Twenge en la cual se involucraron a 11 millones de jóvenes nacidos después de 1995, y los que el investigador llamó: “La Generación Smartphone”. Se obtuvieron resultados que demuestran que los jóvenes que nacieron después de esa fecha, se caracterizaban por estar superconectados, sin embargo, eran menos felices.
Según Twenge, estos jóvenes poseen una imposibilidad para enfrentarse a situaciones de la vida real por su falta de experiencia, son más dependientes, les cuesta tomar decisiones y tienen menos sexo.
No solo pasan menos tiempo con sus amigos sino que además, pudo demostrar que existía una relación inversa entre el nivel de actividad frente a una pantalla y el nivel de felicidad.
No podemos dejar de reflexionar frente a estos descubrimientos, ya que al parecer la Internet y el desarrollo de las redes de sociales, si bien han permitido la conexión, no así, la comunicación, por lo menos, no la que necesitamos como seres sociales. No es de extrañar que cada vez veamos más “negocio de la soledad” los cuales buscan convertirse en una alternativa para acercar, físicamente, a las personas que se sienten deprimidas o solas.
En un artículo sobre la soledad en Japón, señalan que más del 70% de los jóvenes ente 18 y 34 no tenían pareja y muchos manifestaban que nunca habían tenido relaciones sexuales.
Estoy convencida que este debe ser tema objeto de estudio a fin de evitar en los jóvenes, el incremento de las tasas de suicidio y cuadros de depresión e infelicidad.