Competitividad y educación

Hoy deseo compartir una reflexión en torno a los resultados, recientemente publicados, del Foro Económico Mundial (FEM) en tornos a la Competitividad y vincularlo a una de las variables que ellos consideran en su estudio: La educación superior y capacitación.

El Foro Económico Mundial (FEM) cuya sede se encuentra en Suiza, tiene entre sus responsabilidades, la elaboración del Reporte Global de Competitividad y del índice Global de Competitividad. Para  el FEM, la Competitividad es entendida como el “conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país. El nivel de productividad, a su vez, determina el nivel de prosperidad que puede alcanzarse en una economía” (RGC 2014-2015)

Lamentablemente, en éste informe, Venezuela ocupa la posición 132 de 143 países, lo que indica que estamos casi en la cola de los países, en cuanto a capacidad para el manejo de los recursos y para garantizar a la población el nivel de prosperidad esperado.

Tengo más de quince años ejerciendo como docente en la Universidad Central de Venezuela y observo con preocupación, como el estudiante cada vez se preocupa menos por estudiar, leer y analizar los textos que deben ser discutidos en clase. Por lo general, es un estudiante apático y más preocupado por su día a día: el trabajo, la inseguridad, sus ingresos. Muchos no pueden adquirir los materiales de lectura, ni gastar en fotocopias de los materiales, ya que, como ellos mismos señalan: “Prefiero comer que pagar la fotocopia del capítulo que tengo que leer”.

¿Qué podemos hacer como docentes? ¿Cuál es la motivación que se les puede transmitir? ¿Qué podemos esperar ante esta realidad? Ellos saben que el título no les garantiza el trabajo y mucho menos un salario digno. Basta con ver a sus profesores, que aunque posean doctorado y una buena preparación, tienen que trabajar en varios sitios para poder cubrir sus necesidades básicas.

El país con el mayor índice de competitividad lo ocupa Suiza y las razones son: innovación, producto de la calidad de sus instituciones de investigación, inversión en investigación y desarrollo y la cooperación entre la academia  y el sector productivo.

Es muy triste pero debo llegar a la conclusión que los resultados obtenidos en Venezuela, no me extrañan en lo absoluto. No puede existir competitividad cuando la población no tiene las necesidades básicas satisfechas. Solo después que se logre garantizar alimentos, salud y vivienda, es que se podrá pensar en investigar e innovar. Lo que más temo es que yo no lograré ver esto cambios en mi país.

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